Los
residuos
sanitarios son aquellos que son generados por o en los centros
sanitarios, incluidos los envases, y los residuos de envases que
los contengan o los hayan contenido
Tradicionalmente, la prioridad de las instituciones sanitarias
ha sido la atención al paciente, por lo que durante mucho
tiempo se ha restado importancia a los problemas ambientales generados
por este servicio, creando en algunos casos un círculo
vicioso de enfermedades derivadas del manejo inadecuado de los
residuos.
Puesto
que en los centros hospitalarios se ofrece una gran diversidad
de servicios, la tipología de los residuos generados es
igualmente muy variada. Por ello la solución de este problema
no es tan sencilla como puede parecer a primera vista, sería
fácil adoptar una actitud extrema y gestionar todos los
residuos generados en los centros de salud como residuos infecciosos
o peligrosos. Pero esta medida además de ser innecesaria
supondría un encarecimiento muy importante de la gestión
medioambiental del centro ya que el tratamiento de los residuos
clasificados como peligrosos es mucho más gravoso que el
que siguen los residuos no peligrosos. Por ello, y para facilitar
la gestión y manipulación de estos desperdicios
es necesario llevar a cabo un estudio completo que permita la
correcta definición y clasificación en diferentes
grupos de residuos, lo que determinará el tratamiento final.
Así,
se entiende por residuos sanitarios los generados por o en centros
sanitarios (hospitales, centros de salud, clínicas...),
incluidos los envases, y los residuos de envases que los contengan
o los hayan contenido. Por otro lado, los residuos biosanitarios
son los residuos sanitarios específicos de la actividad
sanitaria propiamente dicha, potencialmente contaminados con substancias
biológicas al haber estado en contacto con pacientes o
líquidos biológicos. De esta manera, en el Decreto
83/99 de la Comunidad de Madrid, se establece una clasificación
de los residuos generados en centros de atención sanitaria
dividiéndolos en VII clases, al tiempo que establece el
tipo de tratamiento que deben seguir.
La
gestión de estos residuos depende directamente del centro
sanitario donde se generen, aunque éstos suelen contratar
empresas autorizadas para la recogida y tratamiento de los residuos
considerados especiales (clases II, V y VI). Por lo general estas
mismas empresas suelen ofrecer dentro de sus servicios el diseño
de un sistema de gestión personalizado en el que se estudia
entre otros parámetros el número de contenedores
necesarios, su ubicación óptima y la frecuencia
de recogida más adecuada. Dentro de estos planes de gestión
también es frecuente que se incluyan cursos de formación
y concienciación para los empleados, de manera que se asegure
la manipulación segura, así como la correcta separación
y clasificación de los residuos.
El
tratamiento que reciben estos residuos varía según
su clasificación (biosanitarios, citotóxicos, químicos,
restos humanos), aunque por lo general se centra en la inertización
o desinfección para ser posteriormente incinerados o depositados
en vertederos autorizados.
Clasificación
de Residuos Sanitarios
La clasificación de los residuos sanitarios, en siete clases,
se hace atendiendo a los componentes que los forman y a las características
de los mismos
Residuos de Clase I o II:
Dentro de la primera clase se incluyen los residuos generales
que se producen como consecuencia de las actividades cotidianas
de los centros de salud: papel, cartón, comida, vidrio,
mobiliario, restos de jardinería. No son considerados biosanitarios,
pues pueden proceder de actividades llevadas a cabo en el hospital
y que no estén en relación directa con pacientes
(recepción, oficinas, cafetería...)
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La
clase II engloba todos los
residuos biosanitarios que no se pueden clasificar en las otras
clases. Son residuos biosanitarios por que sí se generan
por el contacto directo de pacientes pero se consideran asimilables
a urbanos por no haber estado en contacto con líquidos
biológicos o pacientes infecciosos. Dentro de esta clase
nos encontramos con residuos muy diversos como guantes de análisis,
vendas, viales, ampollas, mascarillas, pañales...
Tanto
los residuos de la Clase I como los de la Clase II son inocuos,
no revisten ninguna peligrosidad, por lo que pueden ser almacenados,
recogidos y tratados de la misma manera que se gestionan los residuos
urbanos y mediante los mismos servicios, que suelen depender de
los propios Ayuntamientos.
Así
los residuos de Clase I pueden clasificarse para su posterior
reciclado de la misma manera que se hace en nuestros domicilios,
separando vidrio, papel-cartón, envases y materia orgánica.
Los pertenecientes a la Clase II, sin embargo suelen ser depositados
directamente en vertedero.
Residuos
de Clase III
En esta Clase se incluyen todos los residuos biosanitarios no
asimilables a urbanos, es decir aquellos que se consideran infecciosos,
han estado en contacto con líquidos biológicos o
presentan alguna de las siguientes características:
Han
estado en contacto con fluidos de los pacientes, como las placas,
tubos de cultivo de sangre, bolsas de sangre desechadas...
Son pequeños restos anatómicos que no entren en
la ley de policía mortuoria. Su consideración de
residuos especial se debe más que a su potencial peligrosidad,
al posible impacto que tendría su hallazgo en un vertedero.
Son objetos punzantes o cortantes, aunque procedan de enfermos
no infecciosos. En este caso se trata de residuos que además
deben ser recogidos en contenedores especiales y rígidos.
Son animales de laboratorio o sus restos.
Todos estos residuos están catalogados como peligrosos
por lo que deben seguir procesos de gestión especiales,
dependiendo del tipo de residuo del que se trate. Para llevar
a cabo esta gestión existen una serie de empresas autorizadas
por la Consejería de Medio Ambiente de la cada Comunidad
autónoma. Estas empresas suelen elaborar un plan de gestión
específico para los residuos generados en cada hospital
o centro que les contrate, adaptándolo a cada situación.
La
cuestión de los contnedores es especialmente importante
en esta gestión ya que deben cumplir una serie de especificaciones
técnicas que aseguren las máximas condiciones
de seguridad. Puesto que la separación de estos residuos
se lleva a cabo por el propio personal sanitario es muy importante
que esté informado del sistema de gestión de residuos
que se lleva a cabo en su centro. Por ello es habitual que las
propias empresas gestoras desarrollen dentro del plan de gestión
espeecífico cursos de formación y concienciación
entre los empleados del centro, asegurándose así
de que conocen las diferencias entre contenedores y concienciándolos
para su correcto uso.
De
esta manera no solo se aumenta la seguridad del propio personal,
si no que se disminuyen los costes de gestión, puesto que
los residuos de clase III son los más caros de gestionar
y en total, si se separan correctamente suponen menos del 10%
de todos los residuos generados en hospitales.
Esto
residuos se recogen en contenedores homologados, de un solo uso
y con cierre hermético, lo que facilita y hace más
seguro su manejo y transporte. Deben ser impermeables a líquidos
y suelen estar asociados a un color determinado que facilita la
identificación. Sin embargo los códigos de color
dependen de la empresa gestora, lo que complica el proceso en
caso de que exista un cambio en la gestión.
Cada
contenedor debe estar correctamente identificado con una etiqueta
en la que se refleje el centro donde se han generado los residuos,
la empresa encargada de su gestión y el tipo de residuo
que contiene, así como los pictogramas que establezca la
ley para el residuo. En el caso de los residuos de la Clase III
el pictograma consiste en tres medias lunas sobre un círculo,
acompañado de la palabra ‘Biopeligroso’.
Una
vez separados del resto de los desechos estos residuos son trasladados
a plantas de tratamiento especiales donde se procesan para anular
su peligrosidad. Este tratamiento consiste generalmente en la
esterilización de los residuos mediante diferentes técnicas
entre las que se incluyen la incineración, el tratamiento
con microondas, la pirólisis, y la esterilización
mediante vapor y presión. Una vez esterilizados los residuos,
su manejo ya no reviste ningún problema por lo que son
triturados y enviados a vertedero.
Residuos
de Clase IV
Dentro de este apartado se incluyen los cadáveres y restos
humanos de entidad suficiente para ser reconocidos como tales.
La gestión de estos residuos no depende directamente del
hospital o centro sanitario, ya que es desarrollada por una división
especial de la Policía Mortuoria.
Residuos
de Clase V
Son los residuos químicos que se generan en los laboratorios
y otros departamentos del hospital. Están caracterizados
como residuos peligrosos por la legislación vigente y deben
ser gestionados por empresas autorizadas para ello. Estos residuos
suelen ser manipulados por personal especializado de los centros
por lo que su separación y correcta gestión es más
sencilla que en otros casos.
Residuos
de Clase VI
En este grupo se encuentran los productos denominados citotóxicos,
compuestos tóxicos utilizados generalmente para el tratamiento
de enfermedades muy concretas como el cáncer. Estos residuos
también necesitan una gestión especializada que
asegure su correcta separación, envasado y tratamiento.
Por lo general se generan en muy pocas cantidades, pero cualquier
material que entre en contacto con ellos pasa a considerarse residuo
de Clase VI, por lo que la mayoría de lo que se recoge
(en volumen) en estos contenedores son guantes, botes y cualquier
material utilizado para la preparación del medicamento.
Los contendedores de recogida presentan características
muy similares a los de los residuos de Clase III, aunque presentan
un código de color diferente que permita su diferenciación.
También
la codificación por pictogramas difiere de la encontrada
en los contenedores anteriores, ya que en este caso consiste en
una letra C mayúscula en color blanco, dentro de un triángulo
equilátero de color rojo, incluido en un rectángulo
de color negro. El texto asociado es el de Citotóxico,
escrito en color blanco dentro del rectángulo negro.
Estos
residuos se suelen gestionar por las mismas empresas que gestionan
los residuos de la Clase III, pero su gestión es totalmente
diferente, ya que no son infecciosos y su peligrosidad se debe
a su toxicidad. El tratamiento normalmente consiste en la neutralización
del componente activo y la incineración de la mezcla resultante.

Residuos
de Clase VII
En esta última clase se engloban los residuos radioactivos
generados en los centros sanitarios y hospitales. Su producción
se deriva fundamentalmente de los laboratorios y de algunas prácticas
quirúrgicas especiales, que generan residuos radioactivos
de baja y media intensidad. Su gestión depende de la Empresa
Nacional de Residuos Radiactivos, S.A. ENRESA, que establece las
características de la separación, almacenamiento
y recogida.
Fuente:
http://www.fida.es/documentosfida/2_empresa/2203_reciclaje_materiales.htm
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